• LOS MÚSCULOS SON SENSIBLES

  Graciela Brodski

  En 1964, George Goodheart, médico quiropráctico de Burbank, California, con un equipo de investigadores publicó curiosas observaciones sobre las funciones de un personaje que trataba a diario: el músculo. La mayoría de las medicinas alternativas, sostenía, trata de curar los conflictos estudiando sus componentes emocionales o químicos; nunca estructurales, como músculos y huesos.

  Partiendo de la kinesiología aplicada, que combina la milenaria medicina china con los últimos descubrimientos en medicina neural, descubrió que los músculos tenían acceso a un extraordinario archivo que registraba toda la información sobre nuestra existencia. Ese archivo eran las células, complejas biocomputadoras donde, además, se escondían las causas profundas de los conflictos que deterioran la existencia.

  "Lo denominó memoria celular, pero el problema era cómo dialogar con el músculo, cómo interrogarlo para que revelara sus secretos –explica la instructora Graciela Brodski–. Finalmente, el doctor John Thie, discípulo de Goodheart, creó el sistema de testeo muscular manual de precisión (touch for health), que consiste en presionar el músculo y observar sus reacciones.

  "El testeo muscular es una técnica muy antigua, como vi en Cuzco. El paciente mantenía el brazo extendido, mientras el chamán formulaba una pregunta y presionaba el músculo. Si la respuesta era negativa el brazo se mantenía firme, y si era afirmativa, se aflojaba y caía", recuerda.

  Brodski descubrió la memoria celular como culminación de una revolución espiritual que comenzó en los años 70 y que la llevaron a establecerse en Perú y aprender las teorías animistas con los chamanes. Luego, a acercarse al budismo zen, ingresar en un monasterio de Belo Horizonte, Brasil, y ordenarse de monja zen en 1984. "En el monasterio me familiaricé con la medicina china y con la nueva medicina neural. Así terminé recibiéndome de instructora."

– ¿No es extraña esa facultad de los músculos?

– Al principio lo parece, pero si la vemos en profundidad comprendemos que es lógico. Diariamente, escuchamos o leemos que a alguien, ante una emoción muy fuerte, se le aflojaron las piernas. ¿Cómo es posible? ¿Qué tiene que ver? Es que los músculos son sensibles, sufren el impacto emocional y ceden.

– ¿Cómo se hace el testeo?

– Imaginemos una sesión. El recién llegado es un dirigente con terror de hablar en público. Tartamudea, su voz baja de tono hasta hacerse inaudible, transpira, se le nubla la vista. Siente un pánico que en alguna oportunidad lo llevó a abandonar la sala donde debía hablar. Sin dar explicaciones, porque tampoco él entiende qué le pasa. Su vida es un infierno.

– ¿Qué hace el instructor?

– Le pide que se relaje y que extienda los brazos. Comienza a explorar. Aprieta los músculos y dice, por ejemplo: "Ultimo cumpleaños... 2005... 2004... 2003". Y retrocede en el tiempo hasta que el músculo responde. Busca más precisión, explora mes por mes, hasta que registra una fecha: marzo de 1994. "¿Qué ocurrió en marzo de 1994?", pregunta al paciente que evoca el hecho (a veces lleva un tiempo) y, luego, el instructor sigue explorando hacia atrás hasta llegar al motivo que originó el conflicto. En esa época el ejecutivo tenía 8 años y en la escuela vivió una situación traumática: fue llamado al frente para leer una lección. Se puso muy nervioso, comenzó a tartamudear y sus compañeros se burlaron. La maestra lo reprendió. Esto lo llevó a vivir esperando el rechazo cada vez que tenía que exponerse en público.

– ¿Cuál es la solución que propone la memoria celular?

– Transformar la emoción enferma en una emoción sana. En nuestro cerebro está registrado tanto el hecho real como la interpretación que hizo nuestro hombre cuando era un chico. Aclarado el hecho, el paciente libera su mente y puede enfrentar situaciones similares sin condicionamientos. (Muestra un texto que cuelga en una pared de su estudio.)

– ¿Qué es eso?

– No conozco el autor, aunque amigos sospechan que es de un autor ruso. Tiene mucho que ver con todo esto que hablamos. Le voy a leer el comienzo y el final. Se llama Las puertas del infierno. Dice: "El cielo y el infierno no son geográficos, son psicológicos. Son tu psicología. No están al final del camino de tu vida, están aquí y ahora. Cuando actúas inconscientemente, sin conciencia, estás en un infierno. Cuando eres consciente y actúas con plena conciencia, estás en el cielo". Y concluye: "Con un cambio mental todo se transforma, el cielo en un infierno y un infierno en el cielo".

Luis Aubele